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🧬 ¿Qué es la migraña?

Empecemos por conocer tu migraña.

🧬 ¿Qué es la migraña?

Son las tres de la madrugada. Estás despierta, aunque no quisieras estarlo. En cuanto abres los ojos, lo sabes: ha vuelto.

Hay un latido leve en tu sien izquierda. Todavía no es mucho, pero conoces esta sensación. La conoces con todo el cuerpo. La vez pasada empezó exactamente igual. Y la anterior también. Esta sensación era un mensajero, como un emisario enviado por delante antes de la guerra.

Quieres levantarte. La luz de la calle que se cuela por la rendija de la cortina te quema los ojos. Es solo una farola, a unos pocos metros, pero tu cerebro reacciona como si estuvieras mirando directamente al sol. Ni siquiera la miras: pasas la vista por al lado y ya es suficiente.

Bienvenida de nuevo, migraña.

Esto no es solo un "dolor de cabeza fuerte"
La gente lo dice todo el tiempo: "Ah, yo también tengo migrañas; me tomo un paracetamol y se me pasa".

Un momento.

La migraña no es un dolor de cabeza intenso. La migraña es una enfermedad neurológica. Tiene que ver con cómo funciona tu cerebro, con tu sistema nervioso e incluso con tus genes. No se enciende de la nada, como si alguien pulsara un botón dentro de tu cabeza: la migraña es un proceso, una sucesión de fases.

Y ese proceso empieza mucho antes que el dolor.

Fase 1: Pródromo — el cerebro susurra
Una crisis de migraña suele avisar de sí misma entre 24 y 48 horas antes. La mayoría de las personas ni siquiera se da cuenta.

Quizá ese día te sentiste extrañamente llena de energía: habladora, acelerada, vibrante. O justo lo contrario: cansada, lenta, desconectada del mundo. Quizá tuviste unas ganas enormes de algo dulce: chocolate, queso, papas fritas. Quizá bostezaste mucho más de lo normal. Quizá esa tensión conocida volvió a instalarse en los músculos de tu cuello.

El cerebro organiza pequeñas protestas antes de perder el control.

En lenguaje médico esta fase se llama pródromo, que significa "antes de que empiece". Y es una parte importante de la crisis, porque es tu ventana de oportunidad. Quienes toman su medicamento a tiempo, quienes aprenden a escuchar ese susurro, suelen atravesar la crisis de forma mucho más leve.

Pero la mayoría descartamos esas señales como "solo cansancio", "está cambiando el clima", "es el estrés". Y unas horas después llega ese latido y lo entendemos: ojalá.

Fase 2: Aura — la realidad se agrieta
Aproximadamente un tercio de las personas con migraña tiene aura.

El aura es difícil de describir, porque cuesta imaginarla de verdad sin haberla vivido. Pero intentémoslo.

Estás mirando algo: la pantalla del móvil, o la cara de alguien. Empieza a formarse algo raro en el centro o en el borde de tu campo visual. Una línea brillante en zigzag, cristalina, como vidrio roto. A veces resplandece como un neón. A veces se te nubla un rincón de la visión, y luego ese rincón crece, como si alguien estuviera extendiendo humo negro.

Algunas personas sienten hormigueo en los brazos. Otras batallan para encontrar las palabras al hablar: la palabra exacta que quieres decir se deshace justo en la punta de la lengua.

Un aura dura entre 20 y 60 minutos. Y en la mayoría de las personas el dolor de cabeza empieza justo después de que el aura pasa.

Entonces, ¿qué es el aura desde el punto de vista fisiológico? Es una onda eléctrica llamada depresión cortical propagada. Una onda de ralentización recorre la corteza cerebral: las neuronas se van apagando una tras otra, como fichas de dominó. A medida que la onda avanza, aparecen síntomas visuales, sensoriales o motores.

Resulta que el cerebro se declara brevemente en huelga contra sí mismo.

Fase 3: La crisis — una tormenta dentro de tu cabeza
Esta es la fase que de verdad cuesta poner en palabras.

Llamarla "dolor de cabeza" es como describir un incendio forestal diciendo que "hace algo de calor".

El dolor suele ser de un solo lado, izquierdo o derecho, rara vez de los dos a la vez. Late. Al ritmo de tu corazón: bum, bum, bum. Empeora cuando subes escaleras, caminas rápido o giras la cabeza de golpe. Como si dentro del cráneo hubiera un globo que se infla un poco más con cada latido.

Pero el dolor no viene solo. Lo que hace que una migraña sea una migraña es el paquete completo.

Náuseas. No puedes comer nada, pero no comer también es insoportable. A veces vomitas; a veces no se te pasa y simplemente se queda ahí, apretándote el estómago.

Sensibilidad a la luz (fotofobia). Justo como lo describimos. La luz normal se vuelve dolorosa. Cierras las cortinas, apagas las luces, bajas el brillo del móvil al mínimo. Sigue sin ser suficiente.

Sensibilidad al sonido (fonofobia). El vecino cierra una puerta y detona dentro de tu cráneo. Alguien cocina, tintinea un plato y te sobresaltas hasta el fondo. El ruido de los coches, el aire acondicionado, el zumbido de un ventilador: todo está amplificado.

Sensibilidad a los olores (osmofobia). Un rastro de perfume, olor a comida, humo de cigarrillo... Un olor que normalmente ni notarías se vuelve algo casi físico durante una migraña.

Y además está la niebla mental, lo que algunos llaman "niebla de migraña". No puedes pensar. Lees una frase y no la entiendes. Tomar una decisión simple —qué ponerte, qué comer— se siente como una montaña imposible.

Las crisis pueden durar entre 4 y 72 horas. Sí, 72 horas. Tres días.

¿Y qué pasa mientras tanto en el cerebro?
La migraña es todo un campo de investigación en sí mismo, así que el mecanismo completo todavía se discute, pero esto es lo que sabemos hoy:

El nervio trigémino se activa. Este nervio es una red enorme que abastece tu cara, tu cabeza y las membranas que rodean el cerebro. En la migraña este nervio se hiperactiva y libera una molécula llamada CGRP (péptido relacionado con el gen de la calcitonina). Esta molécula dilata los vasos sanguíneos, genera inflamación y sensibiliza las terminaciones nerviosas.

El tronco encefálico también juega un papel crítico: se rompe la coordinación entre el hipotálamo, el tronco encefálico y la corteza.

Y aquí viene lo interesante: durante una migraña el cerebro se vuelve mucho más sensible al dolor de lo normal. Esto se llama sensibilización central. Dicho de otro modo, no es solo que te duela la cabeza: todo tu sistema de percepción del dolor se descalibra. Por eso te duelen los hombros, se te tensa el cuello y el cuerpo queda agotado y molido.

Fase 4: Pósdromo — ganaste la batalla, pero...
El dolor se fue. Casi podrías llorar de alivio, pero...

¿Cómo te sientes? Cansada. Muy cansada. La niebla mental sigue ahí. Concentrarte cuesta. Un resto muy tenue de dolor de cabeza, como un dolor fantasma. Pero lo peor: el cuerpo está exprimido, como si acabaras de salir de una enfermedad larga.

Esta fase se llama pósdromo. La fase de recuperación. Puede durar unas horas, a veces un día entero.

Mucha gente describe esta etapa como una "resaca". El señor resaca. Sin una sola gota de alcohol.

¿Y los desencadenantes?
Entender por qué empieza tu migraña es el primer paso para manejarla. Y la lista de desencadenantes es larga y a la vez muy distinta de una persona a otra:

Sueño irregular: dormir muy poco o demasiado
El estrés, y también el final del estrés: sí, la migraña de fin de semana existe de verdad. Cuando baja el cortisol puede llegar una crisis.
Cambios hormonales: en las mujeres, la migraña está muy ligada al ciclo menstrual
Ciertos alimentos: alcohol (sobre todo el vino tinto), embutidos, quesos muy curados, chocolate. No es igual para todo el mundo, pero son los sospechosos habituales
Cafeína: una relación curiosa de doble filo, a la vez desencadenante y, a ratos, remedio
Abstinencia de cafeína: ¿te saltaste el café de la mañana? Te vas a enterar
Cambios de clima: caídas de presión, calor extremo, frío extremo
Luces intensas, sonidos fuertes
Muchas horas frente a una pantalla
No beber suficiente agua
Saltarse comidas
Con tantos desencadenantes distintos, manejar la migraña es de verdad un trabajo de detective. Tienes que cartografiar tu propio cerebro.

¿Qué tan común es la migraña?
Alrededor del quince por ciento de la población mundial tiene migrañas. Eso es más de mil millones de personas.

Es tres veces más frecuente en mujeres que en hombres: otra vez esa conexión hormonal.

Y la migraña golpea con más fuerza entre los 20 y los 50 años. Justo en los años más productivos y activos, en plena mitad de la vida.

La Organización Mundial de la Salud clasifica la migraña entre las enfermedades más discapacitantes del mundo. Y aun así, a las personas que la sufren todavía se las tacha de "exageradas", de "buscar excusas" o de "hacer drama".

Última palabra: la enfermedad invisible
Esta es una de las cargas más pesadas de la migraña: es invisible.

Por fuera te ves normal. Ningún brazo roto, nada de fiebre. Pero dentro de ti se desata una tormenta. Y la mayoría de las veces no hay forma de explicárselo a la gente: o no lo entienden, o te dicen "tómate un analgésico", o te lanzan esa mirada: "¿de verdad un poco de dolor es tan insoportable?".

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